
26 ha estado marcado por una nueva crisis energética derivada del conflicto en Oriente Medio y el cierre temporal del estrecho de Ormuz, una de las principales rutas del petróleo a nivel mundial. Aunque España no depende directamente de esta zona, el mercado energético es global y cualquier interrupción tiene efectos inmediatos en los precios.
De precios estables a subidas rápidas
A comienzos de 2026, los carburantes en España se situaban en niveles relativamente estables, en torno a 1,45–1,50 €/litro en gasolina y algo menos en diésel.
Sin embargo, tras el estallido del conflicto, el precio del petróleo subió con fuerza, lo que se trasladó rápidamente al consumidor. En apenas tres semanas, la gasolina llegó a encarecerse casi un 19 % y el diésel más de un 30 %.
Este aumento se explica en gran parte por el papel estratégico del estrecho de Ormuz, por donde circula una parte importante del suministro mundial de crudo. Su bloqueo genera incertidumbre, especulación y subidas inmediatas en los mercados.
Qué ha hecho el Gobierno para contener los precios
Ante esta situación, el Gobierno español ha puesto en marcha varias medidas para amortiguar el impacto:
- Reducción del IVA de carburantes del 21 % al 10 %
- Bajada del impuesto sobre hidrocarburos al mínimo permitido
- Ayudas específicas a sectores más afectados como transporte y agricultura
- Ajustes en los contratos de transporte para reflejar automáticamente el precio del combustible
Estas medidas han permitido reducir el impacto directo en el precio final. De hecho, se estima que la rebaja fiscal puede suponer hasta 30 céntimos menos por litro.
Una lección para el sistema energético
Este tipo de crisis pone de manifiesto la vulnerabilidad de los combustibles fósiles frente a factores geopolíticos. Por ello, cada vez cobra más importancia el desarrollo de alternativas como los biocombustibles de segunda generación, producidos a partir de residuos como el aceite usado.
Estos combustibles no dependen de rutas estratégicas como Ormuz y pueden producirse localmente, lo que contribuye a mejorar la seguridad energética y reducir la volatilidad de precios.
El impacto de la guerra de Irán en el precio del combustible en España demuestra que el mercado energético sigue siendo altamente dependiente de factores externos. Las medidas del Gobierno han conseguido amortiguar el golpe, pero la situación refuerza la necesidad de avanzar hacia modelos más diversificados, eficientes y sostenibles.