Biocombustibles y agrocombustibles

Fuente: Pixabay

El término “biocombustible”, utilizado para nombrar a aquellos combustibles no derivados del petróleo, ha servido en los últimos veinte años para distraer al consumidor sobre las consecuencias medioambientales de su consumo, haciéndole creer que por ser “bio” sería más “eco”. Entonces, si no son biocombustibles, ¿qué son?

Los “biocombustibles” de primera generación o “agrocombustibles” son los producidos a partir de biomasa, en concreto de cultivos agrícolas válidos para la alimentación humana, que provienen de monocultivos que se caracterizan por su impacto medioambiental y social. Es el caso de los monocultivos de palma aceitera de Indonesia y Malasia, soja de China y buena parte del continente americano y colza de Europa.

El cultivo de estos productos está asociado con el uso de transgénicos y pesticidas, pero también con la deforestación, que implica la quema y tala de árboles que son el hogar de numerosa flora y fauna. En un informe de Ecologistas en Acción se asegura que aproximadamente el 70% de las plantaciones de palma aceitera en Indonesia y el 50 % en Malasia están situadas en zonas que previamente eran bosque tropical, algunas de ellas incluso en zonas protegidas.

Podría decirse que en un origen, cuando los llamados biocombustibles procedían mayoritariamente de restos de actividades agrícolas y no de monocultivos dedicados expresamente a la generación de combustibles, podían denominarse “bio”, relativo a la vida, salud, a los seres vivos. Sin embargo, y desde que en el año 2005 el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación publicara un Real Decreto con el objetivo de favorecer al consumidor evitando cualquier duda sobre los términos reservados para la producción ecológica, el prefijo “bio” no debería ser usado para estos combustibles.

Se considera que un producto lleva indicaciones referentes al método ecológico de producción cuando en el etiquetado, en la publicidad o en los documentos comerciales, el producto o sus ingredientes se identifiquen con el término «ecológico», «biológico» u «orgánico», así como sus diminutivos y derivados habituales, tales como «bio», «eco», etc., acompañados o no del nombre del producto, sus ingredientes o su marca comercial.

Modificación del Real Decreto 1852/1993, de 22 de octubre, sobre producción agrícola ecológica y su indicación de la misma en los productos agrarios y alimenticios.

Entonces, si los mal llamados “biocombustibles de primera generación” no son producidos de una manera ecológica, el término correcto para llamarlos debería ser sencillamente “agrocombustibles”.

Pero qué pasa con los denominados “biocombustibles de segunda generación”?

Los biocombustibles de segunda generación son los que son fabricados a partir de biomasa procedente de cultivos leñosos, residuos agrícolas o material vegetal de desecho de cultivos destinados a la alimentación que ya cumplieron su propósito alimentario o procedente de grasas de animales. En el caso de los vegetales, a diferencia de los de primera generación, el destino principal de los cultivos no es convertirse en combustible, sino que se utilizan aceites ya utilizados en las cocinas de nuestras casas, bares y restaurantes (girasol, oliva…) para fabricar un combustible de origen reciclado. El uso de este tipo de biodiésel en nuestros depósitos es aún muy pequeño pero es más sostenible que el de los de primera generación, ya que no se utilizan tierras de cultivo específicamente para este propósito y damos una segunda vida a lo que consideramos un residuo. ¿Quieres saber cómo aportar tu granito de arena? Te contamos cómo reciclar tu aceite de cocina usado.

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